 |
| Año
CXXXVII Nº 48281 jueves, 29
de enero de 2004 Reflexiones
La
lengua, una batalla en varios frentes
Fernando
J. Pisani (*)
|
El
buen manejo de la lengua propia es una cuestión
fundamental tanto para las personas como para
los pueblos. Pero en este mundo que tiende a
la globalización, la defensa y buen uso de la
lengua propia adquiere características estratégicas
y vitales, que exceden lo académico y lo
cultural.
El pensamiento complejo, crítico, analítico
y creativo depende en gran medida de los
conceptos que se manejan. Un pobre manejo del
vocabulario da lugar a limitaciones en el
pensamiento. No por nada siempre se ha dicho
que la mejor manera de sojuzgar a un pueblo o
a un individuo es someterlo a la ignorancia.
En la sociedad actual predomina la imagen.
Pero el pensamiento basado en la imagen es muy
limitado. Si basamos nuestra cultura en ella,
no nos extrañemos de las manipulaciones
comerciales o políticas, ni de la pobreza de
gran parte de la población (no como única
causa, obvio).
En las últimas décadas hemos asistido a un
decaimiento del sistema educativo. Nuestros jóvenes
salen del secundario/polimodal con una
preparación deficiente, casi peor en aspectos
de la que ya criticábamos 30 años atrás.
Una investigación realizada en Rosario entre
jóvenes de un nivel social medio, con padres
con trabajo, que cursaban el tercer año del
polimodal y algunos en la universidad, dio
como resultado, entre otros, que de veinte
palabras comunes que se encuentran en el Preámbulo
de nuestra Constitución Nacional, la mayoría
sólo sabía el significado de cinco o seis, y
nadie más de diez.
Sería una simplificación atribuir esto a la
televisión. La incorporación de nuevos
medios y espacios no debe dar lugar al versus,
sino al aprovechamiento y a la complementación.
Quienes íbamos a la escuela en los años 50 o
60 teníamos que cargar pesados portafolios o
mochilas. Cada materia tenía su libro y para
nuestras familias representaba un esfuerzo muy
grande comprarlos, incluso los usados. Porque
ningún profesor, por brillante que fuere su
clase, puede compensar la otra parte
imprescindible para el aprendizaje: lo que
hace (o debería hacer) el alumno/a luego de
cada día de clase. Hasta el pasar al frente y
hacernos dar la lección que hemos criticado
muchas por su poco sentido y su peso memorístico
tenía su función. Nos obligaba a estudiar, a
hacer resúmenes desde los libros, incluso a
la hora de hacer un machete. Y a saber
expresarnos en el frente.
Del libro se pasó a la fotocopia y de esta a
algunas hojas sueltas y a los apuntes
dictados. Obviamente aquella parte "extra
escuela", fue desapareciendo por una
cultura del facilismo y una caída de la
calidad, que no sólo puede atribuirse a una
crisis económica o a la situación social del
alumno. Promover la riqueza conceptual y del
manejo de idioma se fue abandonando, en vez de
ser algo fundamental en todas las materias
escolares y en la sociedad. Incluso muchos
libros escolares priorizan abundante y
llamativa ilustración, simplifican los temas
y usan letra grande, todo "para que sea
de fácil lectura".
Hoy asistimos al manejo de un vocabulario
restringido (no más de 2.000 vocablos -menos
de un 2 por ciento del vocabulario de la
lengua- y en algunos casos menos de 700); a la
pobreza en la expresividad, tapada a veces con
una jerga críptica; un uso incorrecto de las
palabras; muletillas, vulgaridades, ambigüedades
("la cosa", "el coso",
"la cuestión"), pobreza e
inadecuación en las combinaciones, pérdida
de precisión. Si por un lado se tiende a
brevedad y simplificación de la expresión,
se ven forzados a largas oraciones ambiguas y
a muchas vueltas para describir algún
problema o fenómeno, por no manejar lo
conceptual, ni vocabulario adecuado y preciso.
Y a este panorama hay que agregarle las
agresiones que ha sufrido y sufre nuestra
lengua por un mal uso de la tecnología. Diez
años atrás en la Comunidad Europea se
pretendía suprimir la "ñ" porque
le causaba problemas en el manejo de las bases
de datos informáticas (porque en el alfabeto
inglés no existe la "ñ" ni las
letras acentuadas). Sólo la protesta de
muchas organizaciones y de intelectuales
impidió la mutilación. Años después inicié
desde Rosario la batalla por poder usar en
Internet y el correo electrónico los acentos
y las eñes, prohibidos hasta entonces porque
el sistema de correo usaba siete bits (de los
ocho que cuenta), lo que permite representar sólo
del 0 al 127, por lo que quedaban excluidas
nuevamente las vocales acentuadas y la "ñ".
Para entonces, 1997, había armado el Proyecto
Intercol (una especie de Internet entre
escuelas) y allí vi que era fácil resolver
el problema, lo que me llevó a hacer una
propuesta internacional de cambiar Internet en
el plazo de seis meses. La respuesta fue
sensacional, de técnicos de varios países
del mundo y el apoyo de la cibercomunidad.
En el pequeño servidor de este proyecto
educativo nos encontrábamos todos los días
virtualmente a dar respuesta a las preguntas y
problemas de todo el mundo y en cuatro meses
ya se podía mandar por Internet acentos y eñes.
No habíamos inventado nada, simplemente usado
protocolos que existían y enseñar a
configurar. El único aporte había sido
defender la lengua para poner la tecnología a
su servicio y no al revés. Costó mucho más
(una década), por falta de apoyo de los
gobiernos, lograr que los importadores y
mayoristas trajeran teclados con acentos y eñes.
Y aún hoy en las góndolas, oficinas y
escuelas se siguen viendo teclados sin acentos
ni eñes o mal configurados, como si eso no
fuera en contra de nuestra expresividad.
En esta sociedad que algunos llaman "de
la información" y hasta algunos
aventuran "del conocimiento",
nuestra cultura y su crecimiento también
depende de la lengua y en particular de un
aspecto clave: la producción de
conocimientos. La gigantesca biblioteca que
estamos viendo alumbrar a través de Internet
y que comienza a hacer sentir su peso en todos
los aspectos de la vida está mayoritariamente
en inglés, porque la mayor producción de
documentos, escritos, estudios e
investigaciones también lo está. Si no
favorecemos la producción de conocimientos
-desde un simple apunte a una investigación,
de un poema a un ensayo- ello se traducirá en
lo económico y en un incremento de la brecha
hoy existente.
¿O no recordamos que el proyecto de un país
meramente consumidor termina en crisis
espantosas, destruyendo el aparato productivo
y el tejido social?.
Lo mismo pasa con la cultura, la ciencia y la
tecnología: si no salimos del mero papel de
usuarios y consumidores no nos debemos extrañar
de costosos y dramáticos resultados.
Porque la lengua está también vinculada con
la producción, así como lo están las matemáticas
y el pensamiento complejo. El que en nuestro
país, en nuestra provincia, se desarrolle
este año el III Congreso de la Lengua debe
ser motivo de triple alegría: porque se hace
aquí, porque sus temas son trascendentes para
el futuro de nuestra cultura y porque
estimulará innumerables reflexiones,
preguntas y acciones.
¿Qué frentes debemos abordar para cambiar
esta situación, no sólo en lo educativo,
sino en la sociedad toda? ¿Por qué y cómo
la lengua es un factor clave en el desarrollo
no sólo cultural sino también económico? ¿Cómo
desde lo cotidiano podemos favorecer el
razonamiento, la creatividad analítica, el
saber asociar, la comunicación rica en
expresividad y significados? ¿Qué hacemos
con palabras como voluntad, tesón, abnegación,
paciencia, perseverancia, dedicación,
coherencia, hoy camino a la extinción, no
tanto en el habla como en la acción? ¿Sabremos
aprovechar esta oportunidad para cambiar?
(*)fjpisani@intercol.org.ar
Profesor del Instituto Politécnico Superior
General San Martín (Universidad Nacional de
Rosario) y docente de la EET Nº 468 y EET Nº
463.
|
|
|
|
volver
a listado de artículos |
|
|