Software Libre: Herramienta y Objeto de Estudio.
Fernando Margariños Lamas
Aún vivimos el debate acerca de la oportunidad del Software Libre (SL) en el
escritorio, y por ende, de las posibilidades que puede tener como herramienta
cotidiana en la educación. Los detractores argumentan que aún no es tan fácil
de usar como otros sistemas operativos, mientras que aquellos a favor dan muestras
de los avances de los desktops, Gnome y KDE, junto con los conjuntos de aplicaciones
ofimáticas disponibles. Pero es innegable que como objeto de estudio
tiene un puesto difícilmente superable.
El acceso al código fuente y el diseño modular de Linux, por ejemplo, permiten
verlo como un banco de pruebas para un laboratorio de Sistemas Operativos.
El ejemplo se repite en cada caso: PostgreSQL en bases de datos, gcc en compiladores,
etc. Y más aún, no es sólo el acceso al código fuente, sino además la abundancia
de documentación, tanto la que se distribuye con los sistemas, como la que se
encuentra disponible en el WEB, además de todo el soporte que se puede encontrar
en las listas de discusión, desde para novatos hasta especializadas.
La experiencia nos muestra que explicar un concepto es más sencillo en la práctica.
Recordemos lo que era explicar un algoritmo de manejo de memoria sin que el
estudiante tuviese la oportunidad de comprobarlo en vivo. Es como un médico
que nunca ha experimentado en un cadáver, ejemplo tan tétrico y aberrante como
el impedimento en el avance de las ciencias de la computación debido a las implicaciones
de no poder experimentar sobre un sistema completo.
El SL es también una manera de dar voz a los rezagados. Como latinoamericanos,
hemos perdido varias de las revoluciones tecnológicas y el término ``brecha
digital'' nos hiere en todos los sentidos al ser los depositarios del lado en
desventaja. Sin embargo, el SL nos permite tomar una parte activa en el desarrollo
de sistemas. Es prácticamente nuestra única oportunidad de decidir cómo deben
de ser las aplicaciones que utilizamos, contra el modelo cerrado de la industria
que nos impone modelos.
Las posibilidades de cooperación incluyen desde escribir un nuevo sistema, colaborar
en uno existente, aportar ideas, escribir documentación, traducir documentación,
hasta crear distribuciones específicas para problemas particulares.
Comparando el desarrollo del SL con el de la ciencia, estamos en el punto donde
se está retomando precisamente el modelo de trabajo de la academia. Es difícil
pensar la sociedad contemporánea sin los aportes a la ciencia hechos por nuestros
antecesores sin mediar patentes ni ``secretos industriales''. No hay manera
de imaginar el pagar por concepto de patentes por el hecho de usar un sistema
de sifones en las casas. Es por esto que tampoco debemos de admitir las patentes
en el software en ideas comunes como los famosos casos de `one-click shop',
o el enmascaramiento del cursor.
Tantos sinsentidos nos están llevando a limitar las posibilidades del desarrollo
del software. Si una persona no es capaz de introducir una buena idea en un
sistema ya hecho, porque una patente lo restringe, los perjudicados somos todos.
Es en éste punto donde debemos a las nuevas generaciones la libertad de conocer
y experimentar con el código fuente para que esas pequeñas o grandes ideas mejoren
el mundo en el que vivimos. Lo contrario sería un triste futuro donde sólo los
dueños de las patentes puedan mejorar lo que por derecho nos corresponde a todos:
las herramientas del cambio.
Quizá lo más importante sea que esos alumnos que hoy experimentan con pequeños
parches al SL, sean mañana los héroes de la revolución.